“To learn or not to learn”, ésta no es la cuestión

Por: Stefania Leonardi Molas – Co-Fundadora BASILICO Studio

«Ser o no ser, esa es la cuestión» – Shakespeare

Mal iríamos si en pleno siglo XXI, donde la revolución tecnológica 2.0 se ha apoderado de nuestras vidas, todavía dudáramos si las empresas deben formar o no a sus empleados. No obstante, esta misma revolución tecnológica implica que muchas empresas deban reciclar a sus trabajadores, pues varios puestos de trabajo han cambiado totalmente debido a las nuevas formas de hacer y comunicarse.

La cuestión clave en este tipo de situaciones ya no es, por tanto, y bajo mi punto de vista, “to learn or not to learn”, sino “reciclar o no reciclar”.

Es curioso ver en muchas presentaciones de grandes compañías decir que el activo más importante de su empresa es, sin lugar a dudas, el capital humano. Pero para que estas personas puedan adaptarse a los cambios, y convertirse en supervivientes a este bache económico, como diría Darwin, debemos ayudarles a adaptarse a las nuevas formas de trabajar.

Dejadme poner un ejemplo: no es lo mismo vender un coche hoy que hacerlo hace 20 años, ¿verdad? Fijémonos solamente en los anuncios de TV, en los que cada vez se habla menos del costoso artículo y sus características, y en cambio más de la emoción y status que conseguirá el usuario con su adquisición.

Entonces, ¿debe un comercial vender hoy un coche de la misma manera que lo hacía 20 años atrás?

Entiendo que la respuesta es evidente pero… ¿qué debemos hacer para ayudarle a cambiar?

La tecnología está también ya presente en los sistemas de formación, y ésta nos permite poder crear un mayor impacto en los usuarios, sin necesidad de hacer grandes inversiones en eventos o en desplazamientos innecesarios. La formación on-line tuvo su auge pocos años atrás, pero ha sufrido un declive por la falta de visión que muchas empresas tuvieron, al pensar que este tipo de formación se basaba únicamente en colgar contenidos de texto en la red, y examinar, si cabía, para valorar si el usuario había asimilado algo. Pero esto no es 2.0 ni tampoco adaptación a la tecnología, sino más bien un intento de modernización al puro estilo Alfredo Landa.

Por suerte, esta tendencia está cambiando y cada vez son más las empresas que creen e invierten en la formación a los empleados. Creen en el reciclaje de las personas y creen en las nuevas tecnologías. Éstas, adaptadas a procesos de formación, permiten a las empresas valorar las personas como el activo más importante de su compañía. Son ya muchas las empresas que emplean herramientas como el vídeo, soporte que permite transmitir un mensaje consistente y claro, disponiendo de una capilaridad máxima y ahorrando costes innecesarios como ocurría hace 20 años, cuando vendíamos hierro con ruedas, ahora toca vender sensaciones.

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