Adanistas contra dèjávusistas ¿Con quién juegas?

Por: Alejandro Martín – Socio-Director de TDSystem

adanistaNo confundamos lo falso con la inauténtico, ni lo verdadero con lo auténtico. J.L. Pardo

Nos encontrábamos ya en la en una sala cuando entró el jefe: diciendo:

-Escuchadme, he descubierto que, si quieres tener buenas relaciones, has de ser auténtico. A partir de ahora, ya sabéis, a ser auténticos.

Le seguía el becario con su sonrisa entre ingenua y bobalicona y su traje de domingo, que ya se veía vistiendo camisetas de mal gusto y chanclas de peor diseño.

–  Ya está con el mismo numerito de siempre. Como veis, algo novedoso que se le ha ocurrido a “él solito”. -comenta en voz baja mi compañero.

Reconozco que el jefe, con su mezcla de adanismo y cierto oportunismo apropiacionista, acostumbra  aanunciar novedades que no lo son tanto. Pero es que el dèjávusista hace que vea como repetición todo lo que propone.

– Mirad, se me ha ocurrido que, para empezar, podríamos declarar el viernes como el día de la autenticidad. Así todo fluiría más y mejor.

– ¡Qué original! Eso se hizo hace unos años y duró dos meses. Ya sabes, proliferaron los gayumbos, bermudas y chancletas de difícil encaje. Después volvieron los despachos, eso sí, solo para los jefes, y las corbatas almidonadas. Como te digo, más de lo mismo -se oye un comentario en voz baja.

Es que el jefe suele proponer como suyo lo no tan suyo. Aunque no siempre es así. De vez en cuando, entre repeticiones y copias baratas, sí propone alguna novedad. Por su lado, alguno solo ve repetición o copia en sus propuestas.

–  No sé si admirarle por esa especie de ingenuidad adolescente, o aborrecerle por su apropiación descarada de lo que ya todo el mundo conoce -continua el run run dèjávusista.

Que el jefe se pasa un poco con su entusiasmo, no lo voy a discutir. Pero de ahí a tachar todo lo que propone como una copia, creo que hay una gran diferencia. Pero no, no está ahí el problema. Si fuera así, la solución sería fácil: una respuesta ecléctica por mi parte o bien dar la razón a medias a ambas partes, bastaría.

–  Bueno, como yo soy el jefe -ya lo ha vuelto a decir- creo que deberé ser yo el primero en dar ejemplo. Este próximo vienes vendré casual tanto en vestimenta como en autenticidad.

–  ¡Puaf!. Lo que nos faltaba, ahora a su pseudo vestimenta causal hemos de añadirle su psudoauntenticidad cándida -concluye el murmullo.

Seguro que el jefe viene con su mejor postureo de autenticidad y mi compañero con su manida y vieja verdad. Porque el postureo del jefe es falso, pero auténtico, lo borda. En cambio, la ramplonería de mi compañero es verdadera, pero totalmente inauténtica por vulgar y viejuna.

¿En cuál de los dos equipos quieres jugar? Y el resultado del partido ¿Cuál crees que debería ser?

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