¿Ockham, Hanlon o cuñadismo puro y duro?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

“Sencillez es sofisticación como simplicidad a vacuidad”.

“Ya os lo dije: si a este fulano le hacen director general, nos podemos preparar”. Fijo que a la primera nos rebaja los sueldos” -dice Simplonio en un tono subidito, para la hora que es.

Él es de sentencia corta y contundente. Sabedor de que, a esta hora temprana, y sin que el café haya hecho su efecto, somos presa fácil. Lo suyo es aprovechar la ocasión para soltarnos su perorata.

-Que os lo digo yo: el actual ha sido el mejor director que hemos tenido hasta la fecha. Exige, pero da. Lo suyo sí que es firmeza. No este pelagatos paniaguado que se presenta ahora.

Confieso que le admiro un poquito por tener las cosas tan claras, pero no me gusta su pontificación. Creo que es por mi resistencia a la autoridad. No lo llevo bien.

-Porque el candidato a director ahora, mientras sea candidato, irá de colega. Pero no veas tú como le gusta el coche de empresa y los hoteles caros. Del cinco estrellas no baja. Claro, paga la empresa.

A mí esto me sobrepasa un poco. Pero no porque el director actual lo haga bien o mal, seguro que hay de ambas cosas, sino porque no estoy acostumbrado a aseverar con esa contundencia. Me da un poco de envidia, lo confieso.

– ¿Lo de retocar los salarios a la baja?   Seguro que es lo primero que hace cuando sea elegido. Si es que ya lo digo yo. A la mínima ¡zas! Nos colocará una “actualización salarial” como le gusta decir.

Lo suyo es la predicción rápida y simple, cual navaja de Ockham.

-¿Qué te apuestas que estaremos otro año sin dietas y gastos de viaje decentes? Si es que, ¡me vas a decir a mí!, estos jefecillos de ahora no dan la talla.

No podía faltar. Él ya lo había dicho antes, se lo había temido o lo había apostado. Vamos, que siempre acierta en sus vaticinios.

-Bueno. Me voy porque aquí todo el mundo mucho quejarse, pero después, nada, calladitos como corderos -concluye.

Yo pensaba que estos ataques de simplicidad solo los tenía los lunes que seguían a un fin de semana poco afortunado. Me imagino que por aquel principio de que la causa más sencilla suele ser la más probable: mal domingo, peor lunes. Pero no, hoy es jueves y ahí lo tenemos. Pontificando.

-Hacedme caso. Este será peor que el actual -sentencia mientras se va hacia su mesa.

Lo dice, así, sin miramientos. La Naturaleza no le ha otorgado esa virtud, pero sí que ha sido generosa en su simplificación sentenciadora. Aunque, y esto es un suponer, lo suyo no es la sofisticación, no tiene; tampoco por mala intención, que, aunque la tuviera, tampoco es su fuerte. Lo suyo es sencillamente el producto de la supina vacuidad que le embarga. Y, me han dicho, todavía no se ha descubierto la vacuna para esto.

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