Algo huele a acre en los espíritus contrariados

Por: Alejandro Martín – Socio-Director de TDSystem

AcreNo vemos las cosas como son, las vemos como somos. Anaïs Nin

Era inevitable: ese olor siempre le recordaba a esa cualidad acre que comparten las almendras amargas y los espíritus contrariados. Lo desprendía el cliente que al entrar en su taberna le hizo levantar la cabeza y mirar hacia la puerta.

Esa tarde Moe estaba preparándolo todo para recibir a sus clientes cuando notó que ese olor tomaba presencia en su taberna. Él también había vivido momentos parecidos en sus propias carnes.

– Soy nuevo en la ciudad –dijo el nuevo cliente-. Vengo a tu taberna porque me han dicho que aquí se bebe bien y siempre hay compañía.

– Bueno, lo primero puedes comprobarlo de inmediato –respondió Moe-. Respecto a lo segundo, deberás esperar a que lleguen los clientes habituales.

El cliente de olor acre hace una señal para que le sirva una jarra de cerveza. Moe solícito se afana en servírsela con rapidez e intentando ser amable comenta:

– Parece que se presenta un buen día. ¿No crees?

– ¿Qué se puede esperar de él si comienza teniendo que levantarte tempano? –responde a la vez que añade-, ¿Cómo es la clientela que viene a esta taberna?

– Me imagino que como la de todas –responde Moe de manera mecánica a la vez que le inquiere- ¿Cómo es la clientela del lugar de dónde vienes?

– Terrible -respondió-. Grosera y mezquina. No te puedes fiar de ella. Vamos, detestable en todos los sentidos que te puedas imaginar.

– ¡Ah!, -exclamó Moe- Encontrarás aquí lo mismo. ¡Si yo te contara!

El nuevo cliente bebe a grandes sorbos su cerveza, paga y sale sin decir nada de la taberna. Moe pensó que era de esas personas que cuando caen en un agujero siguen cavando y después echan la culpa a los demás de no poder salir de él.

Moe continúa con su trajín cotidiano cuando entra un segundo cliente. No lo había visto nunca, pero su olor era diferente. No sé –pensó Moe-, apenas podría describirlo, pero sí percibirlo: era una fragancia más fresca, más sutil y apenas perceptible.

– Buenas tardes –dijo el nuevo cliente a la vez que observa-, parece que el tiempo está mejorando y se presenta una noche tranquila.

– Eso parece –responde Moe-. Es de agradecer que así suceda.

– ¿Cómo es la clientela que viene a esta taberna? –pregunta seguidamente el nuevo cliente.

– Me imagino que como la de todas –responde Moe preguntando a su vez- ¿Cómo es la clientela del lugar de dónde vienes?

– Es gente amable y honesta. Vamos, buena gente. Lamento no poder seguir yendo allí. Me he cambiado de ciudad por motivos profesionales.

– Bienvenido –acierta a responder Moe a la vez que añade- El mismo tipo de clientela encontrarás en esta taberna.

El segundo cliente sigue degustando la cerveza cuando empiezan a llegar los clientes a la taberna. Entre saludos alborotados y pequeñas bromas se van aposentando en sus lugares habituales. El nuevo cliente termina su cerveza, se levanta y, saludando con una sonrisa, se despide con un “hoy puede ser buen día si sabemos lo qué hacer con él”. Los parroquianos le responde con un “salud” y siguen degustando su cerveza.

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