¿La estulticia como virtud o el estulto virtuoso?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

A algunos tendrían que darles dos premios, uno por necios y otro por si lo pierden. Anónimo.

Sí. Esta mañana no me tenía que haber levantado. Me daba el pálpito, pero no sabía por qué. Bueno, total, que aquí estoy escuchando de boca de un par de compañeros veteranos:

-Eso aquí nunca funcionará. Estos nuevos piensan que lo saben todo. Aquí, la esencia no se ha de perder. ¡Habrase visto!

La escena debe haberme impactado porque mi jefe, y más desde que se ha echado un coach personal, se acerca y me dice:

-Tienes mala cara. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

-Creo que para el cabreo que llevo bien poco puedes hacer.

– ¿Y eso?

Le quiero dejar claro que él no es la causa. Otras veces sí, aunque no se lo diga abiertamente. Más que nada por aquello de que “el jefe siempre es el jefe” aunque te venga en plan empatizador.

– ¿Algo del trabajo?

No quiero que piense que no me gusta. Por ello, digo:

-No. Es por el empeño que ponen algunos en seguir ejecutando algo que se ha demostrado ya erróneo por el simple hecho de ser “su solución o la solución de siempre”.

-¿No te llevas bien con ellos? ¿Es algo personal?

-No, no. Faltaría. Globalmente me llevo bien con todos. Lo que se me hace más difícil cada día es comprobar con qué vanidad y contumacia se aplican en el error apelando a las esencias.

– ¿Algo que yo desconozca? -me pregunta.

No quiero que piense que les estoy llamando necios. ¡Ni se me ocurriría! Probablemente, yo también esté dentro de esta categoría en algunos momentos. Por ello, respondo:

– Es que se empeñan en repetir fórmulas que no funcionan y ello no es por falta de capacidad, sino por su mala utilización.

– ¿Quieres decir que ahora su terquedad va en aumento? -pregunta un poco alarmado.

Tampoco quería que se imaginara que eran un desastre. Así que le respondo:

-No, no. De hecho, su cantidad de necedades por año se mantiene. Vamos, en su línea.

– Entonces, ¿cuál es el problema ahora?

-Yo apuntaría por el virtuosismo que demuestran en su aplicación.

– ¿Virtuosismo? -me pregunta arqueando su ceja izquierda.

-Si, sí. Porque, aunque no han aumentado sus necedades, la cosa va a peor.

– ¿Cómo así? ¿Me lo explicas? -demanda.

-Mira, antes, cuando cometían una necedad, lo hacían sin saberlo, discretamente, casi a lo tonto. Ahora, tal necedad la cometen de forma reiterada, pública y notoria.

-Hay que ser respetuoso con todo y con todos ¿no crees?

-Claro, con todos sí. Pero una cosa es respetar al necio, ¡qué se le va a hacer!; otra, soportar alguna de sus necedades cuando se producen, ¡qué remedio!; y otra bien diferente es que hayan elevado su necedad a la categoría de virtud y, vanidosamente, se erijan en virtuosos de tal disciplina.

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