¿Alucinogenería adictiva o lobotomización chipiana?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

«Ya no compramos alucinógenos para evadirnos, sino falsos recuerdos.» Martín. L.

¡Puff! Otra vez aquí, a la rutina y al tedio del trabajo diario. Ahora toca olvidarse de la disipación y fantasía vacacional.

-Venga, ¡qué no es para tanto! Acabas de venir del pueblo y aquello tampoco debía ser un festival -me dice ese compañero inmisericorde y graciosete.

Entiendo su ironía, aunque me fastidia. Sé que no he vacacionado en un lugar exótico y lejano y que tampoco he disfrutado de un pack de pseudo aventuras diseñadas con ínfulas genuinas. Lo mío ha sido algo sencillito: unos días de playita y después a descansar al pueblo. En la playita soy de los que prefieren el chiringuito y la sombrilla al zambullido en el agua y tueste en la arena. En el pueblo: café a primera hora, vermú al mediodía y, gin-tonic por la noche. Por ello, digo:

-Si no me quejo de la vuelta.    Además, de la rutina playera y de la tranquilidad del pueblo, he quedado un poco saturado

-Entonces, ¿a qué se debe ese lamento?

-A que he de cambiar el chip desidioso-contemplativo vacacional por el chip eficiente-ejecutivo del trabajo. Y ya sabes: o te lo cambias tú, o te lo cambia el jefe. Pero en una semana ha de estar cambiado.

-Vamos, toda una lobotomización chipiana –afirma.

-Y tanto. Pero no sé cómo hacerlo. Antes me dopaba con la alucinogenería posveraniega de apuntarme a inglés, inscribirme al gimnasio y comprar una historia universal por fascículos.  Pero es de efectos mínimos y retardados. ¿Alguna sugerencia que me ayude?

-Si eso no te funciona, intenta la lobotomización posmoderna. Ya sabes, piensa en las próximas vacaciones de Navidades, llénalas de buenos recuerdos, no importa que sean falsos, y ahí tendrás el catalizador de esperanzas y fantasías hasta esas fechas.

– ¿Y eso funciona?

-Por supuesto.

-Pero, ¿qué hago para olvidar los buenos recuerdos veraniegos?

-Sencillo, sustitúyelos. Piensa que la música del chiringuito era un reguetón recalentado y no un momento festivo, la sombrilla un placebo para no achicharrarte de calor en vez de un lugar fresquito, la tranquilidad del pueblo un ámbito de desidia y aburrimiento más que una oportunidad para relajarte y tus familiares, amigos y conocidos un foro de cuñadismo y no una buena compañía.

– ¿Y ya está?

-Así es. Además, es más barato que el inglés, el gimnasio y los fascículos y no genera dependencia. Pero, he de decirte que tiene un efecto secundario.

– ¿Cuál? ¿Es peligroso?

-Nada preocupante. Como cambias a conveniencia tus recuerdos, te será difícil distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira. Pero, total, lo importante es lo que tu creas que pasará o haya pasado.

Yo ahora me veo ante el dilema de seguir con el efecto placebo de la alucinogenería adictiva o ser más posmoderno y optar por la lobotomía de recuerdos “a conveniencia”. No sé por cuál decidirme. Tú, ¿qué me recomiendas?

 

 

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