Del zen al jumping jacks del Jefe

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

“El problema está en esperar algo de alguien que no ha demostrado nada”

Vuelve a ser viernes. Cinco de la tarde y aquí estamos en chándal y calcetines para nuestra sesión de creatividad. Es la segunda. En el centro de la sala hay media docena de pelotas y las mesas y sillas están reiteradas contra la pared. Necesitamos sentirnos libres para crear.

– ¡Venga! Hoy trabajaremos el físico; es la clave para la motivación, no nos engañemos. Suave al principio y fuerte al final. Hemos de sudar, sudar hasta que la adrenalina se apodere de nosotros.

Los más deportistas van cogiendo ritmo; les siguen los más obedientes a un ritmo menor; y, en último lugar estamos los torpes, los renuentes y los escépticos que no llegamos siquiera a coger ritmo. Y, como en mi caso, al reunir las tres condiciones soy el último de los últimos.

-La motivación es la gasolina para asumir los retos, perseverar en su consecución y resistir antes los embates del destino. ¡Venga! Moviéndose.

Entre nosotros, prefería las palabras susurrantes que utilizaba en la primera sesión. Ese estar sentado en el suelo a lo indio, ese entornar de ojos. Hoy no, hoy toca moverse alocadamente al ritmo del jumping jacks.

-Flexibilidad y elasticidad. Más movimiento. Ahora hay que pasarse la pelota por tríos.

Se ven movimientos de regate elegante entre los más deportistas; movimientos esforzados de zapador entre los obedientes; y conatos de movimientos merecedores de figurar en el trending topic de youtube por su torpeza.

-Más ritmo, más ritmo -grita excitado el jefe.

Espero y deseo que este apasionamiento por el ejercicio y el sudar le duren lo mismo que su versión zen susurrante. Porque es de pasiones pasajeras. Durante un mes se entrega a fondo en la elegida para abandonarla al mes siguiente.

-Uno; uno, dos; uno, dos, tres. Venga, la última tanda y descansamos.

¡Puf! Me van a salir los pulmones por la boca y, siendo sinceros, apenas he logrado levantar mis pies unos centímetros del suelo. Crear, no sé si crearé; pero ser candidato al infarto, seguro que sí.

-Tomemos un poco de líquido. El cardio ha ido muy bien. Descansamos un poco y después trabajaremos la resistencia.

Lo dicho, durante un mes se enfoca en una dirección, se compra libros de autosuperación y autoayuda para darse aires de profeta y luego, al mes siguiente, cambia de registro y de técnica como si nada hubiera pasado. Y eso, claro, te deja que no sabes que hacer: ¿te sientas y meditas o das saltos alocados hasta la extenuación?

Aunque yo no desespero, abandonará esta fiebre por los ejercicios y dentro de poco volveremos a los susurros, al zen y el sándalo como si de una novedad se tratase. Vamos, que es de explotar entusiasmos pasajeros mientras le permitan travestir viejas ideas en novedades rutilantes. Para él, parecer creativo es tan importante como serlo de verdad. De hecho, no lo diferencia.

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