DESI “el Eterno”

Por: Alejandro Martín – Socio-Director de TDSystem

desi

En la luna de miel, la miel se acaba antes que la luna.   P. Watzlawick

Sé que me acusan de soñador y anhelante. Tal vez también de iluso, pero eso no me preocupa. También sé que mis metas desprenden un perfume quimérico. Pero es que lo que me atrae de ellas es precisamente el largo camino a recorrer y la incertidumbre en su consecución.

Al fin y  al cabo –piensa- la llegada es solo un momento y, en cambio, el camino puede ser casi una eternidad. En términos de placer, no son comparables -sentencia para sí mismo-. Además, si por cualquier motivo el camino se acorta, siempre existe la posibilidad de desviarse de él. Y él, aunque no se lo confesaba, era todo un experto en desviaciones. Todo valía con tal de alargar el anhelo.

Esta reflexión se la hacía mientras esperaba al tren que le llevaba al trabajo. La casualidad hizo que allí mismo se encontrara con un antiguo compañero. Ambos eran de la misma edad, pero mientras Desi siempre había tenido una mirada ensoñadora; el otro, el viejo conocido, siempre se había conducido afanosamente.

-¡Desi! –Exclamó el conocido- ¿Eres tú? ¿Cuánto tiempo sin verte!

-¡Realmente, no te había reconocido –soltó Desi- ¿Qué es de tu vida?

Ambos se saludan a la vez que se repasan de arriba abajo.

 -¡Amigo mío! ¡Esto no me lo esperaba! ¡A ver, deja que te mire! ¡Siempre con esa cara! ¿Sabías que te llamábamos el “eterno deseante”?.

-No, no lo sabía, ¿Y cuál era el motivo de tal apodo? –preguntó Desi.

-Hombre. ¿No recuerdas? Siempre estabas deseando algo, pero no siempre te esforzabas mucho en conseguirlo. Pero sospecho que solo era una enfermedad de juventud. Vamos, que ya lo tendrás solucionado a estas alturas. ¿No?

Su viejo conocido no sabía que ahora le llamaban “el emprendedor”. Si, el emprendedor porque había comenzado primero de ingeniería, para pasar, sin acabarlo, a primero de periodismo y así sucesivamente. ¡Vaya, que  ponerse en marcha se había puesto, y falta de iniciativa no se le podía achacar!.

-Bueno, cuéntame Desi ¿Qué ha sido de tu vida desde entonces?

-Como te diría –acierta a decir- He hecho bastantes cosas y puesto en marcha otras tantas, pero las circunstancias de cada momento me hicieron cambiar el rumbo de algunas y desistir de otras. ¡Corren malos tiempos!

Desi sabía que para su viejo conocido llegar -tanto literal como metafóricamente- significaba éxito, poder y reconocimiento. No lo podía evitar, se le notaba en la cara.

-¿Y qué tal? Dime, dime: ¿has creado alguna empresa, has acabado algún proyecto, eres director de algo en algún sitio?

También era conocedor de que el no conseguirlo para el afanoso era señal de todo lo contrario. Tras esta reflexión se atrevió a decir:

-Bien, lo que es empresa, empresa, no. Y proyecto, proyecto, tampoco. Tal vez en algún momento. Pero ahora eso va para largo. No tengo prisa.

El tren acaba de llegar. El viejo conocido se sube a él y Desi, con mirada ensoñadora, observa desde el andén como se alejan el tren por la vía.

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