¿Grandes jefes a simples astutos metidos a jefes?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

“La habilidad es a la astucia lo que la destreza a la estafa.” Chamfort, N.

Menos mal que está acabando el día porque voy a arrepentimiento semanal. Si la pasada ya confesé mis cortas miras al valorar la inteligencia del jefe, ahora también lo hago por no haber valorado su gran astucia.

Te preguntarás por qué digo eso. Sencillo, acaba de recibir el premio al “jefe resultón” del trimestre.

Es como un óscar que se dan entre los jefes y que, salvo error, acaban recibiéndolo todos. Pero no lo desmerezcamos, aunque en la historia de esta organización lo han recibido algunas personas por el simple hecho de haber especulado con la voluntad de los demás en beneficio propio.

– ¿Y cuáles han sido sus méritos para merecerlo? -me pregunta mi compañero.

-Creo, y es una simple opinión, que se ha valorado su gran ambición y su considerable astucia. Ambas, eso sí, adecuadamente combinadas.

-Y el talento, ¿no ha contado en este caso?

-No demasiado. Es más, tener demasiado tal vez le hubiese representado un conveniente.

– ¿Y eso?

-Mira. Para recibir este premio, no es necesario saber mucho de lo que pasa en el departamento ni tampoco estar a la altura de los retos que en él se dan. Pero, eso sí, se ha de tener bastante astucia, mucho atrevimiento y otro tanto de cara dura para presentar lo habitual como novedoso y los fracasos como éxitos.

– ¿No crees que eso se contradice con un buen management?

-Ya, pero es que hoy el talento, la memoria y la ponderación están a la baja

– ¿Por qué es así?

-Yo creo que un gran talento no se plantearía objetivos imposibles, una buena memoria impediría repetir viejos errores y la ponderación evitaría riesgos innecesarios. Pero eso no está de moda. Vamos que, a corto plazo, no resulta.

-Claro, claro.

– Piensa que, con cuatro ideas fijas, presentadas como novedosas, un buen marketing personal y bastante obstinación se pueden defender propuestas que escapan a la razón y a la conveniencia. En definitiva, que la ignorancia es lo más atrevido.

– No lo había visto así.

-Asumir retos con las precauciones suficientes, es talento. Lo que marca la grandeza de un jefe. Y este no es el caso. Una inteligencia bien tenida y mejor aplicada, duda y desiste de quimeras y retos imposibles.

– ¡Pues sí que vamos apañados! -exclama concluyendo la conversación.

Me gustaría decirle que el éxito táctico es lo que se lleva. De ahí que, en el perfil de los premiados, haya más presunción y amor propio que capacidades reales.  Ambas aderezadas con suficiente persuasión para obtener el beneplácito de los superiores y la obediencia de los colaboradores.

Sea como fuere, hoy se premia más la ambición y la astucia que el talento bien aplicado. Pero, ¿es esto lo que debería ser merecedor de premio? Yo no lo sé. Pero ahí te lo dejo para que tú decidas.

 

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