Intuición versus Razón

Por: Alejandro Martin – Socio Director de TDSystem

«En los momentos de crisis, la imaginación es más importante que el conocimiento.»  Albert Einstein. Físico estadounidense (1879-1955)

Poca información puede ser peligroso a la hora de tomar buenas decisiones, demasiada, y considerarla toda, puede llevarnos a la indecisión permanente. Se impone utilizar la intuición para llegar a soluciones rápidas.

Sí, pero ¿Qué es eso de la intuición?

Las emociones influyen en nuestras reacciones, modo de pensar, recuerdos y mecanismos de decisión. El cerebro racional se apoya sobre el emocional. Es decir, el razonamiento está siempre tamizado por los sentimientos y éstos pueden modularse a su vez por la razón. La intuición estaría entre ambos cerebros y comparte propiedades de los dos.

Podríamos definir a la intuición como un “mecanismo” que nos permite recurrir a una enorme cantidad de conocimientos de los que no de todos somos conscientes. Incluye experiencias y conocimientos aprendidos intencionada o subliminalmente.

Bueno, estamos de acuerdo, Pero ¿cómo funciona?

A saber, cuando se nos pide nuestra opinión sobre cómo abordar una situación o qué decisión tomaríamos en un caso concreto, nuestra intuición entra en funcionamiento y pone a nuestra disposición de manera rápida una respuesta. Ejemplo típico sería aquella situación en la que un compañero nos pregunta ¿tú te asociarías con fulanito para abordar un determinado proyecto? Probablemente nos venga con rapidez una respuesta a nuestra mente. También es cierto que por sensatez diremos  que necesitamos más información y tiempo para analizarla. ¿Por qué no damos ya directamente la respuesta? Probablemente por prudencia, pero  también porque creemos que seguidamente nos preguntaran las razones de por qué hemos llegado a esa conclusión.

Y, ¿Por qué ese miedo a que nos hagan esa pregunta?

Sencillo, porque las respuestas intuitivas son el producto de una “búsqueda” rápida en nuestro cerebro. Búsqueda entre la información consciente e inconsciente que, asociada, proporciona una respuesta. Pero ¿cómo explicar racionalmente algo que es producto de información racional e información emocional? No, no es fácil. Mejor dicho, es muy difícil. Si echamos mano de nuestra memoria e intentamos recordar las explicaciones que da un artista plástico sobre su obra o un poeta sobre su poesía, nos vendrá a nuestra mente el gesto de escepticismo y confusión en nuestra cara al escuchar dichas explicaciones.  Difícil, difícil de entender desde un punto de vista lógico analítico.

¿Todo del mundo es intuitivo?

Podemos afirmar que sí. Pero no deberemos olvidar que ese “mecanismo de búsqueda”, examina dentro de nuestro cerebro. En él sólo puede encontrar lo que hay allí almacenado –información consciente e inconsciente-. Es decir, no encontrará aquello que no hay. A partir de ahí,  la respuesta intuitiva se nos muestra en una “mezcla de palabras, imágenes, sensaciones y emociones”, conformando una “solución” instantánea, fugaz. Producto de una manera única de asociar razón y emoción. Hemos de procurar registrarla en la conciencia antes de que nuestro razonamiento la censure. Probablemente, la siguiente “búsqueda” nos dé otra respuesta.

Las respuestas intuitivas, si no se registran, pueden diluirse en las rigideces de los procesos analíticos de nuestro cerebro o de nuestro trabajo.


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