Mi jefe, entre la postgastronomia y el neomanagement

Por: Alejandro Martín – Socio-Director de TDSystem

postgastronomiaEstoy demasiado ocupado como si no fuera ingenuo. Lo he visto todo, yo estaba aquí primero. Kurt Cobain (Nirvana)

Había acabado la reunión y estábamos en esa especie de zulo que la empresa, según indica un cartel, ha habilitado como “cafetería” y que se encuentra justo saliendo de la sala de reuniones. Es un sitio que no tiene ventanas ni sillas y en donde te tienes que quedar de pie con tu café en una mano y la carpeta con los asuntos tratados en la otra.

-Lo siento, pero es que el jefe, con permiso de su madre, es un verdadero….. –me atrevo a sentenciar.

-¿Por qué dices eso? –replica Inocencio

-¡Qué me venga a mí con esas de que “vuestras ideas son esenciales para la Dirección”, no deja de tener guasa cuando todavía están por contestar las propuestas de mejora que realizamos este semestre pasado.

Es que me enervo y no sé si es por lo que dice el jefe o por esa especie de Limbo en el que vive mi compañero. Eso de no distinguir entre lo que es una mentira reiterada y lo que es verdad voluntariosa me hace dudar de si estoy ante un compañero ingenuo o ante una víctima de la banalidad más estúpida. Ya se sabe, los compañeros de trabajo son como la familia, no los escoges, simplemente te los asignan y allá tú con la gestión que haces de esa relación.

-Hombre, -continua la ingenuidad que me ha tocado por compañero- la Dirección nos acaba de informar que “aquí, en la empresa, podremos desarrollar nuestro potencial y responsabilizarnos de proyectos innovadores y estratégicos”.

-Mira- me atrevo a decirle- cuando un proyecto lleva asociados los calificativos innovador y estratégico es como cuando un plato lleva foie, queso de cabra y trazas de …… Vamos, mucho envoltorio y poco contenido.

-Es que si lo ves así, difícilmente tendrás la suficiente proactividad para abordarlos.

-Vaya, ya salió otro de los ingredientes típicos de la postgastronomia del management actual: La proactividad como esa especie de “reducción al Pedro Ximénez” con la que se adereza todo. ¿No me digas que también te has creído eso de “aquí practicamos una política de apertura y oportunidades para todos”?

-Sí, no, bueno….. A mí me ha parecido una gran propuesta –balbucea Inocencio.

-Cuando el jefe hace una afirmación de ese tipo –respondo-, ¿a qué tipo de oportunidades se refiere? Y, por cierto ¿para quién son esas oportunidades?

-¿Qué quieres decir? –se atreve a objetar.

Pensé que sentiría compasión por Inocencio, pero me doy cuenta de que lo que siento es un poquito de envidia. No sé si ese cóctel de frases bonitas tiene algo de afrodisiaco porque su cara resplandece y su voluntariedad crece.

Me siento como sentado frente a un plato de cocina de autor en el que el plato es enorme, el discurso de presentación es grandilocuente y el lenguaje sofisticado, pero el tamaño del bistec es reducido y las “trazas de espárragos trigueros” que lo adornan no terminan de convencerme.

Pero es que tal vez me estoy haciendo viejo y no se apreciar, como mi cándido compañero, las virtudes de la postgastronomia y del neomanagement que practica el jefe. Seguro que es eso. He de reciclarme en estos temas.

 

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