Mindfulness y gin-tonic, ¿terapia o vicio?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

Para muchos es preferible padecer una enfermedad que asumir una responsabilidad.  Savater, F.

Lo vemos llegar, aunque pensamos que en el último momento se daría la vuelta. Vamos, que no se atrevería a estar aquí con nosotros después de lo que había pasado. Pero no, aquí lo tenemos.

-Hola a todos. ¿Cómo comienza el día?

-Como siempre, pero un poco peor. Ya sabes, todo va bien hasta que alguien llega y lo estropea -responde uno de los presentes.

-No sé si te estás refiriendo a los tres últimos despidos. Pero, que conste, yo no he tenido nada que ver. Simplemente he cumplido órdenes.

Todos los presentes lo conocíamos y sabíamos que era presto en atribuirse éxitos, pero propenso a endosar los fracasos a los demás. Por ello, uno de los más incontinentes le dice:

– ¿Solo cumplir órdenes? Por ahí se dice que fuiste tú el que propuso su despido.

-No fue exactamente así. Me limité a indicar quiénes eran los empleados menos rentables. Y ya sabéis, si no lo somos, desaparecemos. La competitividad es la que manda -dice mientras extrae parsimoniosamente su café de la máquina.

Ese quitarse de encima toda responsabilidad no era nuevo. Siempre encontraba a alguien a quién cargarle las culpas. Pero ahora daba un paso más: la culpa la tenía la competitividad. Antes mostraba un poco más de coraje acusando a alguien, ya que se arriesgaba a vérselas con él. Ahora no, lo suyo es acusar a entes etéreos que no pueden responder. Este hecho me anima a observar:

-Pero, tal vez esa competitividad exigida bien podría conseguirse de manera diferente a la elegida.

-Si, tal vez. Pero hoy los despidos están a la orden del día. Yo no quería, pero los padecen todas las empresas.

Su progresión promete: primero, los causantes del estropicio eran los otros. Seguidamente pasó a los entes etéreos, fáciles de nombrar y difíciles de definir. Pero ahora ha dado un paso más, es víctima de una enfermedad. Él no quiere, pero no puede remediarlo. Llegado a este punto, le digo:

-Pero, patologizar el tema, ¿no crees que es una manera de no asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos?

-Perdona, yo soy una víctima más. Y como tal, he de gestionar el desasosiego que ello me produce. Mi esfuerzo me está costando.

-Así considerado, veo que eres toda una víctima. Pero, ¿cómo dices que lo estás gestionando?

-Mira, estoy haciendo un curso de mindfulness y por la noche quedo con los amigos a tomar un gin-tonic para desengrasar. Funciona de mil maravillas.

Con él, al principio lo tenía claro: era un simple caradura. Después se sofisticó culpando al “sistema” y eso me despistó. Ahora es víctima de una patología para la cual sigue una terapia a base de mindfulness y gin-tonic.  Esto me descoloca, porque ya no sé si lo suyo es una enfermedad o un vicio. Tú, ¿qué crees?

 

 

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