¿Padece tu jefa el síndrome Stanislavsky?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

jefa

“No tienes que imitar los gestos del poder, sino que tienes que sentir la fortaleza en tu interior” –  Konstantín, S.

La Jefa agitó lentamente la cabeza. Su rostro se había tensado, sus pómulos sobresalían y su nariz se volvía más firme. Estaba en torno a los cuarenta, pero ese gesto le hacía parecer  más veterana y determinada.

— ¡Venga, vamos! Que necesito el memorándum para ya.

Se dio media vuelta y salió de la sala con paso firme dejando atrás el olor seco de su perfume y cierto postureo masculino.

— ¿Siempre  ha sido así? –pregunta el becario, a la vez que el tableteo de su teclado hace avanzar las palabras por la pantalla de su ordenador.

—Creo que no, pero no te puedo decir mucho de ella. Lleva con nosotros sólo medio año. Me han dicho que viene de otra división de la empresa donde estaba muy bien vista por la Dirección.

—Pues tiene que ser muy competente y tienen que confiar mucho en ella para promocionarla a este puesto. Porque me han dicho que el director general es bastante duro y exigente ¿es así? –pregunta el becario.

— ¡Y tanto!, los que le conocen de cerca dicen que es esos a los que les gusta imponerse. Vamos, bastante masculino en la estética de mando: cuando habla sube el tono, eleva sus hombros y cuadra sus pómulos. Le agrada que unos asientan y otros acepten o callen. Y, es que cuando se pone director, ¡es muy director!. Y mira que le gusta. Creo que para la Jefa, es su referente.

— Entonces, ¿quieres decir que ese aire y ese tono contundente de la Jefa no es del todo suyo?

— No sabría decirte. Sus antiguos compañeros dicen que antes era de aspecto frágil y atractivo discreto. Que su potencial estaba más en ganarse poco a poco lo que se proponía que en imponerse.  También dicen que desde poco antes de la promoción empezó a apostar por la línea Armani for Women, de chaquetas rectas y hombros cuadrados que ahora, ya en el puesto, corona con ese recogido del pelo que dan a su rostro ese tono incisivo.

El becario pone cara de circunstancias. Creo que no acierta a ver esa figura frágil y sensible que dicen que tenía en el pasado. Pero tal vez solo fueran cosas de ese estado becario que se acaba pasando con el tiempo.

—¿Ya está listo el memorándum? –pregunta la Jefa entrando de nuevo en la sala.

Su porte pretende tener un tono marcial; pero le ayudan poco unos generosos tacones que incrementan su estatura pero que provocan un leve contoneo a su figura.  Su tono, ¿cómo diría?, intenta ser varonil pero no termina de desprenderse de cierta calidez femenina.

-¿No crees que todo ello resulta un poco impostado? –sugiere el becario cuando ella desaparece de sus vistas.

-Tal vez con ese postureo no llega donde pretende y tampoco se aleja de donde desea.

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