De escaqueadores, clacosos y disculpadores

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

«Vemos mejor la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”. Anónimo.

Creo que he sido cruel con el nuevo jefe. No le he dado ninguna oportunidad. Lo sentencié el primer día. Admito mi culpa, aunque esto no le libere de su estulticia. Pero eso es otro tema.

Hoy quiero destacar la herencia que ha recibido. En el departamento no somos una joya, empezando por el que escribe, te lo aseguro. Aunque no quiero protagonismos inmerecidos. Lo interesante son los grupitos. Te cuento:

Empezaré por esos compañeros “escaqueadores” natos, expertos en eludir las obligaciones propias de su trabajo. Hay verdaderos virtuosos, aunque con particularidades: a los más burdos, se les notan las abundantes huidas físicas de sus obligaciones; a los más sutiles, su inhibición a la hora de cumplir con ellas.

Un segundo grupo lo componen los “aplaudidores”. Aquellos a los que les gustaría escaquearse, pero no son capaces de ello. No por falta de ganas, sino de arrojo. Envidian las hazañas de los primeros, les gustaría protagonizarlas, pero se conforman con ser simples claqueros.

El tercer grupo está compuesto por los que no comparten el escaqueo, pero lo encuentran disculpable: “Tal como nos trata la empresa”, acostumbran a decir. Entienden por qué los escaqueadores se escaquean y lo disculpan con gran virtuosismo, te lo aseguro.

Finalmente, está el grupo más numeroso, en el que me encuentro, al que no le gustan los escaqueadores, pero calla por esa falsa solidaridad entre personas que trabajan juntas. ¡Ah! eso sí, nada de lo anterior impide a sus integrantes seguir disfrutando del café diario como si no pasara nada.

A mí, si fuese el jefe, el grupo que más me preocuparía sería el tercero. La razón es simple: convierten lo de los suyos en anécdota y lo ajeno en categoría. Si un compañero se escaquea, es una anécdota siempre justificada; si alguno lo aplaude, es que tiene su punto de gracia. En cambio, si la Dirección toma una medida puntual por algún incumplimiento manifiesto, ese acto es convertido en categoría: “Siempre la Dirección actúa de la misma manera”.

Como ves, su sensación de agravio está a flor de piel. Si la acción es de la Dirección es una clara injusticia; los incumplimientos reiterados de los escaqueadores son simples y puntuales travesuras. No se ven ni ellos, ni a los que disculpan, como provocadores de ningún mal.

Su condición de víctimas, según ellos, les salva de cualquier reproche y les confiere superioridad moral. Lo que sucede realmente, no importa. Lo clave está en ser sensible a las injusticias del sistema y comprensivo con los que van en su contra, aunque formen parte y se beneficien de él.

Como ves, nada malo puede derivarse de la rebelión-escaqueo, menos de ser sus aplaudidores y, por supuesto, nada de ser su soporte moral. Y, en el caso de que así fuera, la culpa siempre la tendrá la Dirección.

¡Ánimo! Como víctima siempre se tiene mayor prestancia.

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