El masaje conspirador del jefe

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

“Las personas somos expertas en el engaño, las conspiranoicas también en el autoengaño”

A todos, en algún momento, nos ha parecido que lo sucedido no es producto del azar, de la pura casualidad, sino de algún malévolo que por detrás mueve los hilos.

Estaba en estas reflexiones cuando asoma por mi despacho un compañero diciéndome:

– ¿Sabes que el Jefe ha ofrecido un programa de masajes para todos los empleados?

-No, no lo sabía. Eso es una buena noticia, ¿no?  -le digo, con el ánimo de que exponga su teoría al respecto.

-Eso puede parecer, pero ya te digo yo que no es así.

– ¿Y eso?

-Porque es un manejo de la Jefe para conocer de primera mano nuestra salud muscular.

– Tú me dirás.

– Con el masaje obtiene información de primera mano de tu estado físico. A partir de ahí, el control sobre tus bajas por estrés o por problemas musculares, es total.

– ¿Seguro que no es simplemente un masaje para que nos desestresemos?

-Y tanto que no. Su objetivo no es nuestra salud, sino el control sobre ella.

En él esta forma de razonar, antes era circunstancial; vamos, no preocupante. Solo el producto de esa necesidad que tenemos de dar sentido a todo, aunque algunas cosas no lo tengan. Pero últimamente se le ha cronificado esa obsesión por interpretar todo lo que sucede como fruto de una conspiración. Por ello, pregunto:

-¿Tienes algún dato más que confirme lo que dices?

-Por supuesto: la empresa de masajes es del mismo municipio que el director.

-Bueno. Pero eso no la impide ser una empresa seria.

-Tal vez. Pero, el programa de masajes es caro.

– ¿Y eso es malo?

-No huele bien. No veo al Jefe gastándose el dinero en nosotros. Pero, además, su sobrino trabaja en ella como masajista.

-Bueno, así que voy a ser controlado por el Jefe a través de su sobrino a la vez que disfruto de un masaje caro de una empresa seria -le digo en tono de broma.

-Así es. El control es el objetivo real. Nunca nuestra salud -dice seriamente despidiéndose de mí.

He de reconocer que su conspiranoia puede divertir en los primeros momentos. Pero deja de hacerlo cuando no duda en apoyarse en datos circunstanciales, parciales o manipulados y ver en todo un interés oculto de alguien. Y, por si todo lo anterior fuera poco, afirma que lo sucedido finalmente es lo buscado desde el inicio.

Para rematarlo, no distingue una broma absurda sobre sus teorías infalibles y cree que sus explicaciones lo explican todo, cuando no explican nada.

Y entonces, ¿por qué le escuchamos?

Tal vez solo sea porque nuestro sentido crítico esté a la baja y la necesidad de que todo cuadre es más fuerte que nuestra racionalidad. No olvidemos que la idea de que la verdad siempre triunfa es una de esas mentiras agradables de escuchar.

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