Díscolos, coquetos, precavidos y acongojados

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

“Bajo la máscara de la temeridad se ocultan grandes temores.” Lucano

Hoy es el primer día de trabajo después de la desescalada que está haciendo la empresa. Antes, cada mañana, nos agrupábamos unos cuantos junto a la máquina del café. El lugar en el que está situada es discreto en tamaño, pero allí cabíamos todos. Ahora la máquina ha perdido su atractivo y el espacio parece amplio porque no son muchos los que se atreven a acercarse a ella. Ahí está, solitaria.

Ahora, digamos que el espectáculo se desarrolla en los pasillos. Porque, aunque la empresa nos ha proporcionado una mascarilla, algunos se han traído la suya: unas son discretas, otras coquetonas y, otras me recuerdan a esas que se utilizaron en la Primera Guerra Mundial (sus portadores dicen que son las más seguras). No se lo voy a discutir, aunque debo de reconocer les da cierto aire tétrico-vintage. Bueno, pero allá cada uno con la estética de su mascarita, lo importante es que el personal vaya protegido.

Pero claro, qué entendemos cada uno por protección. Ahí es donde, a la estética le debemos añadir la actitud del portador. Porque, como te puedes imaginar, hay portadores atrevidos y la mitad del tiempo la llevan en la frente o bien en la barbilla. Monas les quedan, pero proteger, lo que se dice proteger, no sé si lo hacen mucho. Alguno, incluso, ha pedido que se la firmen, igual que en una escayola cuando te has roto un brazo. Me imagino que las mostrarán como su trofeo para cuando pase este lío.

Otros, han tirado de coquetería y le han echado alegría, incluso desparpajo, y a su mascarita en cuestión le han incorporado dibujitos de mariquitas, florecitas o similares. La versión sofisticada y lujosa, sospecho, la deben dejar para momentos más festivos.

En un tercer grupo son muy formales: su mascarilla es impoluta, está bien situada y hace juego con su camisa. Debo de reconocer que me recuerdan a esos que después de diez horas trabajando todavía llevan la corbata “en su sitio”. Además, cuando están contigo o se cruzan en el pasillo, si la norma dice que has de mantener dos metros de distancia, eso hacen: dos metros de distancia. El problema es cuando el pasillo es más estrecho. No obstante, son cautos y se esperan a que tú pases para después pasar ellos. Lo de subir en el ascensor con más personas, ni se lo plantean.

Finalmente, en un cuarto grupo me cuesta identificar quién está detrás de la mascarilla ya que son amplias e incorporan una serie de filtros de tal tamaño que solo permiten que se les vea un poquito los ojos. Sin ánimo del malmeter, me recuerdan a esas mujeres musulmanas que llevan burka. Pero bueno, dicen que toda precaución siempre es poca.

Bien, como te venía contando, protegerse es bueno, acongojarse, tal vez no tanto.

¡Ah! Y por cierto, ¿en qué grupo te sitúas?

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