¿En qué se parece el amor a las vacaciones?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

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En que se anticipa con placer, se experimenta con incomodidad y se recuerda con nostalgia. Evan Esar

Son las nueve de la mañana cuando entro por la puerta. Todo está igual que antes de irme. Bueno, todo,  todo, no. Algunos de mis compañeros ya han llegado y forman pequeños grupos. Contándose sus vacaciones, supongo.

-¡Hola! –me dice mi jefe-. ¡Qué alegría verte! Pasa, pasa. ¿Es duro el primer día? Yo ya llevo dos semanas.

Parece que se alegra de verme. Creo que le caigo bien pero pienso que hay que ponerse las pilas. Él ya las tiene puestas. Cosas de los jefes, me imagino.

-¿Cómo estás  –pregunto-. ¿Cómo está todo por aquí?

-Con muchas ganas de que todo funcione. Seguro que superaremos los objetivos.

-Tú siempre tan optimista -añado.

No es que me moleste haber acabado las vacaciones. He finalizado un montón de ellas sin darme cuenta siquiera. Ya sabes, finiquitar conversaciones banales, cervezas excesivas y tapas que no siempre el sabor y tamaño responden al presuntuoso nombre que tiene. De los viajes, la familia extensa, los amigos de la infancia y los conocidos ocasionales, no quiero ni hablar.

-¿Tomamos un café antes de comenzar?

-Me vendrá bien –respondo.

Sé que el jefe va a la suya.  No le gustan esos grupitos donde cada uno presume de sus vacaciones. Yo no me preocuparía, es una forma de ponerse al día, aunque sí comparto opinión con él sobre esos personajes que piensan que solo ellos han estado de vacaciones. Bueno, mejor dicho, que las suyas han tenido ese toque único que las hace merecedoras del tal nombre. Estaba en esta reflexión cuando Narciso entra en la sala y espeta:

-Hola, ¿Qué tal estáis todos? ¿Cómo han ido esas vacaciones? Tengo un jet lag de caballo. La conexión del último vuelo casi nos falla.

Se ve a la legua que sus preguntas son retóricas. No es que quiera saber de nuestras vacaciones, lo que quiere es contar las suyas. Pero no a todos, claro. Todo es exclusivo en él, hasta a quién se lo cuenta.

Es simpático y de trato diferencial. Breve con los almaceneros de ligero aroma al haber descargado cajas pesadas, con los de sandalias a lo franciscano mendicante, con las de vestido casual con trazas de chiringuito playero y con las de cabellera californiana con su rubio degradándose de manera anárquica de las puntas a las raíces. Apenas les ofrece una mueca por sonrisa. Se centra especialmente en el grupito de voz punto gangosa y gafas vintage.

-¿Qué opinas tú de las vacaciones? –me pregunta el jefe.

-Hombre, que suponen un paréntesis, pero que no altera las propiedades de las cosas.

-¿Qué quieres decir?

-Que lo que dejamos pendiente de hacer, hemos de hacerlo ahora y el que se fue Narciso vuelve Narciso bronceado. ¡Ah! Vacaciones, tanto jaleo para esto.

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