¿Engagement energético u obediencia esforzada?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

«Buscamos el compromiso, pero huimos del esfuerzo que implica conseguirlo”.

Faltan unos minutos para que sean las ocho y estamos con ese café que funciona como rito de pasaje entre la vida privada que dejamos a la puerta de la empresa y la profesional que nos espera hasta la hora de salida. El café no es el mejor, pero es suficiente para marcar el tránsito entre ambas vidas.

– ¡Qué! ¿Cómo empieza la mañana? ¿Dispuestos a darlo todo?  -dice el jefe luciendo una amplia sonrisa mientras se acerca a nosotros.

Los más veteranos ya conocemos su sonrisa impostada y su seudocampechanismo. Algo pretende.

-Bueno, se hará lo que se pueda -responde un escéptico voluntarioso.

– ¡Más ánimo! Que nos queda todo el día por delante -dice mientras procede a sacar un café de la máquina.

La mayoría sospechamos cuando vemos que el jefe adopta esa posición energética y coleguil. Porque lo suyo, cada mañana, es aparcar su coche en la plaza que tiene reservada, entrar dispensando unos buenos días escuetos y cerrarse en su despacho. ¿Qué querrá hoy de nosotros?

-El reto de este semestre es mejorar el engagement. Lo que ha pasado hasta ahora, ya no nos lo podemos permitir -dice en tono acusatorio.

– ¿Qué no podemos permitirnos? -pregunta el escéptico impenitente.

– Todos han de sentir “los colores de la empresa”. Y esto afecta desde almacén hasta la dirección general -remata mientras da el primer sorbo a su café.

Yo, lo reconozco, agradecí la metáfora de “los colores de la empresa”. Lo del engagement, lo he oído; pero, no tengo muy claro lo que tal palabra significaba. Se lo había oído utilizar y yo también lo he utilizado alguna vez; pero, sinceramente, más por quedar bien que por saber exactamente lo que dicho vocablo significaba.

-No podemos permitirnos que haya pedidos que lleguen tarde y tampoco que algunos se desentiendan de las reclamaciones alegando que no les corresponde a ellos solventarlas. Y todo ello por falta de engagement -continúa.

-Claro, claro. Eso no es lo correcto -responde el más novato temeroso de que si nadie contesta, el jefe se molestará.

-Porque es el engagement al prestar los servicios lo que da sentido a los empleados. Eso y seguir puntualmente y sin cuestionamiento las instrucciones de sus jefes es lo que hace que sea energético -sentencia mientras se aleja hacia su despacho.

Es un crack, lo reconozco. Es capaz de clonarse asimismo adornándose de vaciedades. Lo del engagement, pase; lo de energético, es pura fantasía.

Pero, ¿qué nos está pidiendo exactamente: un compromiso férreo con algo de lo que solo somos ejecutores o nos invita a participar en al diseño y planificación de aquello que después ejecutaremos?

No me ha quedado muy claro, aunque más me parece más lo primero. Y, en ese caso, ¿no sería más adecuado llamarlo obediencia esforzada que engagement energético?

Yo, no lo sé. A veces me pierdo entre tanta parafernalia managerial. ¿Y tú?

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