El Arte de Desarrollar Personas

Alejandro Martin
Consultor Coach

La actitud permite nuestra transformación, la creación de nuestra realidad y el desarrollo de los que nos rodean.

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OCT
2018

Entre discrepante, díscolo y follonero

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo. Groucho Marx

Pulsé la tecla de enviar y enseguida sentí que me había precipitado. Intento dar a control Z, pero no sirve de nada. Sé que lo que propongo en mi mensaje pueden no ir en la línea de lo que el jefe quiere. También sé que esto puede ser tachado de beligerante y, en estos momentos, sólo esa palabra ya te coloca en el ámbito de los conflictivos.

-¿Qué, ya has enviado al jefe tus ideas? -me pregunta mi compañero.

-Si, lo acabo de hacer. Pero no sé si le gustarán -le respondo con gesto preocupado.

Todo este tema viene porque el jefe, a exigencias de la Dirección, supongo, se ha empeñado en que aportemos ideas para mejorar el servicio. Nos ha dicho que sean rompedoras y creativas. Pero, conociéndole, probablemente debería haber sido un poco más cauto en mis propuestas.

-¿Y por qué crees eso? -me dice.

-No sé. Es un pálpito. Tal vez me he excedido.

-¿Excedido? Creo que lo que nos piden es que seamos innovadores.

-Si, claro -respondo no demasiado convencido.

Te preguntarás porqué estoy preocupado si nos ha pedido expresamente que seamos rompedores. Eso me repito yo y, cuando lo razono, pienso que he hecho bien enviándole lo que le he enviado, pero ello no me tranquiliza demasiado.

-Seguro que le gustarán tus ideas -me reconforta mi compañero viendo que sigo preocupado.

-¿Y tú? ¿Qué le has propuesto? -pregunto con cierta curiosidad.

-Mis propuestas van en la línea de lo que sé que le gusta. He apostado por lo seguro -me dice convencido y complacido.

Agradezco que intente reconfortarme, pero su apuesta por lo “seguro” me indica que no voy en la buena línea; aunque alguna de mis propuestas va en “línea del jefe”, pero de forma más atrevida. Otras, precisamente, van en la línea contraria. Por ello, respondo:

-Es que tal vez no le terminen de agradar.

-¿Por qué crees eso? -me pregunta.

-No sé, es solo una impresión.

-Tú, tranquilo. Ya verás cómo le gustan.

Tranquilo, lo que se dice tranquilo, no estoy. Podría decir que es un pálpito, pero hay razones de peso para no estarlo. En primer lugar, que mi compañero, que es un superviviente, haya apostado de forma moderada por la línea del jefe, ya es una pista. Segundo, ¿qué pensará el jefe cuando reciba una idea que a él no se le ha ocurrido? ¿se alegrará o intentará “matar al mensajero”? Tercero, las ideas que van en la línea contraria a la suya, ¿las recibirá como un nuevo enfoque o “leerá” esas propuestas como un ataque a su línea de actuación?

¡Por cierto! Tú, ¿cómo habrías actuado? ¿Te habrías sido rompedor asumiendo que puedan calificarte de díscolo o habrías optado por la línea más cauta para aparecer como un “buen empleado”? Por favor, dímelo porque esta preocupación me está matando.

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