Gracias, el mérito es tuyo

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

No es mérito que el único ser capaz de reírse de sí mismo sea el humano: es el único que da motivos para ello. Perich, J.

Aquí la dirección lo tiene claro: solo promocionan los mejores. Este es el discurso oficial y esa práctica se ritualiza cada año antes de verano.

Al principio, a todos nos pareció bien que se ascendiera por méritos. Era lo justo. No obstante, eso ha ido variando con el tiempo. Ahora algunos dicen que eso solo privilegia a los mejores y más preparados. Vamos, que no es justo. Por ello, propuestas en otras direcciones ya hay.

Quienes las hacen, alegan que la meritocracia es elitista, antidemocrática y desigualitaria. Tal vez sea así. Pero justificar un ascenso por algo diferente al mérito no es fácil. Por ello, sus defensores, en vez de eliminar los méritos, se han esforzado en modificar su contenido, ampliar significativamente su número y alterar su jerarquía dentro del catálogo. Dicen que esta nueva fórmula será más justa. Que reflejará mejor la realidad social de la empresa. Y ante eso, yo acato.

Es así como se ha celebrado la última promoción en la compañía. Los resultados han sido justos, según algunos; y sorprendentes, según bastantes más.

¿A qué se debe tal contraste de opiniones? La respuesta está en esos “retoques” en el sistema de promoción. A saber: dicen que ahora el mérito no deberá estar necesariamente vinculado a la inteligencia sobre algo y el esfuerzo en aplicarlo. Que eso es insuficiente, demasiado técnico, frío e impersonal. Lo suyo es que preponderen los aspectos cualitativos y humanizadores en el mérito. Respecto a ello tengo mis reservas, aunque ahora no lo voy a discutir. Lo que sí puedo decir es que en este nuevo tipo de meritaje, el cómo y cuánto se sonríe, al jefe preferentemente, se valora y mucho; cuán obediente eres, con la jerarquía por supuesto, cuenta; y, en qué medida aplaudes con devoción sus ocurrencias, es definitorio.

Pero ahí no acaba todo. Al flexibilizarse la jerarquía de los méritos, donde hasta hace poco la inteligencia y el esfuerzo pesaban mucho en una promoción, ahora han perdido valor o han sido sustituidos por otros méritos con componentes más cualitativos.  En esta nueva, o tal vez no tanto, meritocracia, méritos como el de la resiliencia para superar las contradicciones de la dirección y la empatía con la jerarquía para sobrellevar sus arbitrariedades, son muy valorados. Si a ello se le añade la ausencia de crítica a sus gansadas, hacen de la persona que los posea un perfecto candidato para la promoción.

Decirte que, con este nuevo sistema, todos los puestos han sido cubiertos por personas de mérito, algunas de grandes méritos. Candidatos para ello había. Dicen que esta promoción ha sido la más justa, aunque no puedan asegurar que se haya promocionado a los más inteligentes y esforzados. Pero, bueno, tampoco hay que ponerse muy tiquismiquis con este tema. Al fin y al cabo, son meros detallitos.

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