¿Melifluo, camaleón o el arte de conformarse?

Por: Alejandro Martín. Socio Director de TDSystem

Adopta el color del terreno que pisa y se pavonea cuando se trata de lucirse ante el jefe. Savater, F.

– ¿Sabéis? Nos van a cambiar el variable que cobramos. Bueno, la forma de computarlo. Perderemos una pasta gansa cada mes -comenta el reivindicativo.

Es la hora del café y que te toquen los variables a esa hora no es agradable. Ya sabes, son momentos para breves comentarios, alguna tontería que otra y una buena dosis de cafeína.

-Y eso ¿a qué lumbrera se le ha ocurrido? -pregunto.

-Hombre. No es para ponerse así. Seguro que todo esto tiene su razón de ser -afirma el conformista melifluo con sonrisa bobalicona.

 

Al principio, he de reconocer que me costaba calificarlo. Cuando hablas con él, tiene un trato amable, cordial, tal vez un poco blandito y pegajoso. Pero su conformismo es remilgado y su forma de hablar es tan melindrosa, que te descoloca.

 

-No te digo. Si además de que te toquen los variables, tendremos que aguantar aquello de que lo hacen para “racionalizar, equiparar o cualquier otro alambicamiento”.

-Bueno, la mayoría de las empresas lo hacen y bien poco podemos hacer nosotros. Si protestas, te buscas problema. Es mejor llevarse bien con la Dirección -responde.

Además de aguantar su sonrisa de “yo no me meto en nada” y “me llevo bien con todo el mundo”, nos deja claro que no contemos con él. Algo irritado, apunto:

-Deberíamos protestar. Las normas no se cambian a mitad de juego.

Reconozco que, ante los personajes gazmoños, la sangre se me va a las vísceras y se olvida de viajar a mi cerebro. Lo sé, pero uno es como es. Apuro el café y me voy a mi mesa a trabajar. Me quedan un montón de asuntos por resolver y, si no te pones, ahí se te quedan.

Es bien pasada la tarde cuando el compañero reivindicativo entra en el despacho diciendo:

– ¿A qué no sabéis a quién he visto hablando con el jefe? ¿A qué no?

-Bueno, ¿a quién has visto? -pregunto excitado por la curiosidad.

-A nuestro compañero luciendo su talante más gazmoño: que si entendía lo del cambio del variable, que si las organizaciones han de ser competitivas, que si los jefes, aún en contra de su voluntad, han de tomar las decisiones que han de tomar.

– ¡Joder con el tipo este! Versátil ya sabía yo que era, pero no me habría imaginado que fuese tan pegajosete.

-Pero no te pierdas lo mejor: decía que él no era reivindicativo, no como otros, y que sabía esperar su ocasión.

-¡La madre que le….! ¡Qué versatilidad la suya!

Miro el reloj. Es la hora de salir y me asalta una duda: ¿lo suyo es versatilidad? o lo mío ¿rigidez? Termino de ponerme la chaqueta y salgo. Mañana será otro día.

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