El sentido común nos pide buena formación

Por: Nuria Maeso – Consultora sénior

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo – Arquímedes

Alguien me dijo una vez que, cuando hablamos de formación, lo único que nos debería preocupar es si es buena o mala formación. En tiempos de crisis, esto es más evidente todavía.

Lo que está claro es que, para no perder el tren, las empresas tienen que

innovar y estar dispuestas a cambiar constantemente. Y son las personas que trabajan en ellas las que se encargaran de hacerlo. Continuamente, van a tener que estar formándose y cambiando sus paradigmas. Pero no vale cualquier formación.

Por lo tanto, el debate no es formación on line o presencial, aunque, reconozcámoslo: la formación on line reduce algunos costes que la presencial no puede hacerlo. El ahorro en transporte, locales y demás logística asociada a equipos de trabajo distantes es notable. Pero, ¿cómo podemos conseguir que la formación on line sea igual de buena que la presencial? Porque, seamos claros, el plus que la comunicación cara a cara ofrece se pierde, en parte, en la red.

Desde mi punto de vista, hay tres aspectos esenciales para cualquier formación:

  • Que se ajuste a las necesidades del alumno.
  • Que sea una fuente de experiencias transmitida tanto por el formador como por los participantes.
  • Que permita al alumno fijarse una ruta de mejora y unas herramientas para llevar a cabo esa mejora.

Empecemos por el principio: ¿cuál es la formación que se ajusta a las necesidades de cada uno de nosotros? En principio se deberá partir de la definición de las competencias que cada organización considera imprescindibles para sus distintos puestos, definir el pefil profesional idóneo para desepeñarlo y, finalmente, evaluar el nivel de desempeño de las personas que ocupan dichos puestos. Una evaluación 360º es la que mejor garantiza el resultado sobre las competencias a mejorar.

Si nos atenemos a los tiempos que nos toca vivir y al desarrollo de las tecnologías y su uso generalizado, los diferentes tipos de formación (presencial, on line o mixta) pueden alternarse para mejorar sus ratios de eficiencia. En la formación on line, la función principal del formador es dinamizar. Partiendo desde su amplia experiencia, busca entablar un diálogo entre todos los alumnos para el enriquecimiento mutuo, compartiendo herramientas. En la formación presencial esto se realiza cara a cara. En la formación on line, la plataforma de aprendizaje dispone de espacios para entablar estos debates. El formador lanza propuestas, anima a la participación, sugiere fuentes de consultas, aclara dudas, resume las distintas aportaciones, que tienen la ventaja de ser mucho más estructuradas que las que se realizan en las sesiones presenciales.

Y, por último, es fundamental que el alumno sepa cuáles son sus puntos fuertes y cuáles ha de trabajar. Este es el objetivo principal de cualquier acción formativa que tenga por objetivo la eficiencia. Para ello, tanto en las acciones presenciales como en las acciones on line, los participantes en la formación han de contar con herramientas que les indiquen cuál es su situación particular y dónde deberían esforzarse para mejorar. El participante, tras los conocimientos adquiridos, las experiencias compartidas y la visión que de sus propias fortalezas y debilidades se forma, tiene ya la capacidad de reflexionar y proponerse acciones de mejora.

 

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