¿Padece tu jefe el síndrome de Cronos? ¿Y tú?

Por: Alejandro Martin – Socio Director de TDSystem

No solamente debes hacer lo correcto, sino hacerlo en el momento adecuado. Hipócrates

Según la mitología griega, Cronos era un personaje que devoraba a sus hijos para que no le hicieran sombra o le arrebataran poder. En definitiva, para que no le suplantaran. Pero al  final, por uno u otro motivo, Cronos, se ve también suplantado.

Podríamos decir que esto corresponde a la mitología, que ahora en la época del face book o el tweeter no pasa. Vamos que queda culto lo de hacer referencia a la mitología, pero un poco unfashionable.

Tal vez algo haya de todo ello, pero quería simplemente describir una situación que conocí de cerca y que seguro que la mayoría de vosotros también habéis sido testigos de algo parecido. A saber:

Había un jefe de departamento, en este artículo lo llamaremos Cronos, que tenía varios colaboradores a su servicio. Eran jóvenes y bien dispuestos. Con ganas de aprender e ir asumiendo nuevas responsabilidades. Esto era hace diez años, ellos eran jóvenes y se mostraba en su cara esa ansia por aprender y esos gestos de becario que se sorprende ante su forma contundente de actuar y que denotan el respeto que a esa edad se tiene por las personas de más rango.

Cronos lo solucionaba todo. Era decisivo. Sin su planificación y supervisión no se hacía nada. Cuando uno de sus colaboradores tenía una duda, él, amablemente recogía la duda y, en un aparte, la arreglaba. Al principio esto era bien recibido por los colaboradores. Pero pronto se dieran cuenta que Cronos siempre se ocultaba a la hora de solucionar las cosas, les proporcionaba solamente información operativa y difícilmente les permitía alguna autonomía.

Así las cosas,  pasan los años y vuelvo a la misma organización. Cronos sigue en su puesto y los colaboradores también. Todo perfecto, estable, pero hay algo que me llama poderosamente la atención. Aquellos gestos de “becario adelantado”, que en su momento, y dada la juventud de los colaboradores, tenía su encanto, ahora, diez años más tarde, estéticamente no encaja bien con la edad de los colaboradores. Además, han desaparecido las expresiones de sorpresa y admiración hacia Cronos. Ahora sus caras sólo reflejan expresiones de apalancamiento, tedio y unas ganas locas por que se haga la hora de salir del trabajo.

¿Qué ha pasado?

Probablemente los colaboradores de Cronos solamente vean en su trabajo un medio de obtener recursos económicos para vivir. Su potencial profesional se “congeló” al mes de estar en la empresa y su crecimiento personal probablemente transcurra por derroteros ajenos a la organización.

Y eso,  ¿es malo?

No lo valoraré, lo que sí es fácilmente observable es que el salario que cobran es significativamente más alto que cuando eran becarios y su competencia profesional no ha crecido en la misma proporción que su salario. Por lo tanto, los ratios de eficiencia son significativamente inferiores.

¿Y Cronos? ¿Por qué actúa de esa manera?

Dicen, pero esto está por confirmar, que cuando una persona hace de Cronos, más que seguridad en sí misma hay inseguridad,  y más que fortaleza,  hay debilidad.

¿Hay algún antídoto que evite que aparezca un Cronos en nuestra organización?

Al cien por cien, tal vez no. Pero es clave que en la organización fluya la información, que todos puedan aportar sus ideas y que la organización se preocupe de elaborar un plan del desarrollo del potencial de cada empleado, independientemente del jefe que les toque en suerte. Si así no se evita totalmente, si que se minimiza sus efectos.

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