El Arte de Desarrollar Personas

Alejandro Martin
Consultor Coach

La actitud permite nuestra transformación, la creación de nuestra realidad y el desarrollo de los que nos rodean.

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MAR
2018

Todos los jefes son malos. Los colaboradores no.

Por: Alejandro Martin – Socio Director de TDSystem

La gente corriente nunca tiene la culpa de nada. Savater, F.

Es ese momento delicado del día. Depende como lo encares, así te va el resto. Hoy no tengo demasiada suerte, el quejoso está en la máquina del café.

– Uff, otro día más. Que ganas tengo ya de que sea viernes. Vengo a trabajar con ganas, pero es llegar, ver la cara del jefe y se me quitan.

Sí, a la cara del jefe le falta una buena sonrisa, pero dudo que con ella el quejoso se precipitara sobre el trabajo. Él es más de queja larga y trabajo corto.

– No me explico por qué le han promocionado a jefe. Listo no es y amable tampoco.

El emperador de la queja está inspirado hoy, seguro que ahora suelta lo de “le promovieron porque estaba en el lugar idóneo en el momento oportuno”. Méritos, ninguno, claro. Pero no, tira de calificativo despectivo.

 – Seguro que ha sido por que hacía el “caldo gordo” a la Dirección y la puñeta a los de abajo. Ya sabes, por tener un perro fiel para que el rebaño no se desmadre.

Las metáforas zoológicas siempre se le han dado bien. Simples y cuasi infantiles, sí. Pero eficientes.

– Y en lo personal, no te pienses, esconde mucha maldad. Es de sonrisa escasa, taimada e interesada.

No voy a salir ahora en defensa del jefe. No es mi estilo. Pero ese “nosotros bondadosos y él culpable”, me resulta más cómodo que veraz.

– Bueno, me voy a mi mesa, quiero echar una ojeada en la red a las jugadas más importantes del partido de ayer. Seguro que twitter estará que arde con la polémica que hubo. Voy a “achicharrar” a un par de amigos que son del equipo contrario.

Termino mi café. Paso junto al despacho del jefe y apenas veo su cabeza hundida en varios informes. Su assistant me comenta que ayer salió tarde. El proyecto se está complicando más de lo que esperábamos. Al sentarme en mi mesa, el quejica me dice:

– ¡Oye! A las cinco, ni un minuto más. He reservado pista de padel. No me dejes colgado. El que se tenga que quedar hasta más tarde, que se quede. Para eso es jefe.

Asiento anestesiado por la bondad propia del colaborador. El jefe no es bondadoso y ha de pagar por ser jefe de forma poco clara y nunca meritoria.

– Recuerda, a en punto en el parking junto a mi coche. ¡No te retrases!

Que conste, el quejoso y yo somos buena gente, podríamos ser jefes, pero no lo somos porque ser buen jefe requiere mucho tiempo de preparación y dedicación. Y, ya sabes, a la buena gente: el fútbol, el padel y los chismes de bajo calado nos ocupan todo nuestro tiempo. ¡Una lástima! ¡Qué jefazos se pierde esta organización!

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  • Anónimo comentó:

    Pues si, que críticos somos los miembros de ese rebaño y que poca empatía mostramos en situaciones así. Aún así y a pesar de poderme equivocar, que interesante sería conocer un poco más al jefe y el porqué de esa actitud tan poco comprometida de los que esta tarde no faltaran al partido de padel.

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